Tomar el equipaje y comenzar un viaje es un compromiso. Siempre debe haber algo que sen obtenga como trofeo, sea ésto sólido o etéreo como un sueño, tan diverso como el amanecer en Copán o el atardecer en Alegría; lo único prohibido es regresar en el mismo estado inicial en que se partió, condenando con ello al fracaso la inversión y tachando de fútil la jornada. Es ahí, tras este pequeño análisis, que entran los llaveros. Lejos de ser considerados como simples "recuerditos", se constituyen en "grandes recuerdos".
El mundo es un llavero, y todos los hombres y mujeres son meras llaves.
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